La Comida Kosher - Una Piedra Angular Esencial en Los Cimientos de la Vida Judía
Existen diversas formas de abordar la pregunta: «¿Qué significa kosher?». Podría limitarme a enumerarte las reglas:
- Sobre los tipos de animales: Solo se permiten los que rumian y tienen la pezuña completamente hendida.
- Sobre las aves: pollo, ganso, pato y algunas otras.
- Tanto los animales como las aves deben ser sacrificados de una manera específica.
- Los únicos animales marinos o acuáticos que consumimos son los peces; es decir, aquellos que poseen aletas y escamas.
- Todas las frutas y verduras son aptas, salvo que las revisamos minuciosamente en busca de insectos, y existen numerosas normas en torno al vino.
- No cocinamos carne junto con productos lácteos; de hecho, utilizamos vajillas separadas para la carne y para los lácteos.
Pero existe una manera diferente de plantear la pregunta: ¿Cuál es el sentido, el propósito de las leyes dietéticas kosher? Para responder a ello, debemos comenzar formulando una pregunta más básica: ¿Por qué necesitamos comer, en absoluto?
El plan original establecía que el espíritu humano debía nutrirse directamente de su conexión con el Creador. El ser humano (el primero de ellos, quien en realidad constituye la fuente de todas las generaciones posteriores) optó por una alternativa: él y ella (pues así lo decidieron juntos) desearon vincularse al mundo físico con el propósito de elevarlo. Ello los alinearía en mayor medida con lo divino, lo cual, a su vez, propiciaría una relación aún más estrecha con Nuestro Creador. No obstante, esto conlleva un peligro: el riesgo de dejarse arrastrar hacia lo físico y abandonar lo espiritual, en lugar de elevar lo físico hacia un estado espiritual. El pueblo judío, constituido ya como nación al pie del monte Sinaí, decidió consagrar su vida en este mundo a superar las tentaciones inherentes al mismo, con el fin de elevarlo, tal como dictaba el plan original. Para lograr tal cometido, resulta indispensable restringir nuestra dieta. Quien padece afecciones cardíacas debe moderar su consumo de carnes rojas; el diabético, por su parte, debe controlar la ingesta de azúcares. Nosotros debemos abstenernos de consumir aquellos alimentos que pudieran bloquear —o, al menos, obstaculizar— la capacidad del cuerpo físico para ser elevado por el alma.
Evidentemente, nosotros —como seres físicos y limitados— no podemos «deducir por medio de la razón» cómo conectar con lo espiritual. Ese conocimiento solo puede provenir de fuera de nuestro mundo físico, de HaShem, el Autor de la realidad misma. HaShem, en su amor desbordante por su pueblo, nos ha entregado el plano de la creación y la forma en que este puede utilizarse para construir una relación con Él: la Sagrada Torá.
Así pues, tenemos tres enfoques para nuestra pregunta «sencilla»: qué, por qué y cómo.
Esto no lo abarca todo, pero constituye un buen punto de partida.
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